Hoy de regreso a casa no me apetecía correr. Venía despacio soboreándote. En el pequeño espacio de mi coche estábamos tú y yo y lo demás no importaba.
La carretera se me abría ante mí, oscura, igual que esta historia de nuevo abierta ante mí.
El caso es que estaba todo cerrado. La puerta bien encajada, la herida curada... y ¡zas! un buen día te me apareces con más fuerza. Con tanta, que no soy capaz de echarte de mi cabeza. ¿De mi corazón? ¡Si no te has ido nunca! Pero te tenía ahí en un rinconcito. De vez en cuando aparecías en mis sueños, pero pasaba la noche y volvías a ser invisible en mi vida.
Pero claro, no te veía... y ahora te veo alguna que otra vez... algo se me revuelve por dentro y entonces me doy cuenta de lo mucho que te extraño.
Me gustaría vivir dos vidas paralelas, una para vivir la que vivo y otra para vivirla contigo. Si, no quiero perder lo que tengo, pero me haces falta.
Todas las canciones que escucho me llevan a ti.
¡No te imaginas la sensación que me hizo leer en tu mensaje "...besos, mi eterno septiembre"! Por eso del mi...
Hoy, cuando llegaba, si hubiera sabido donde vivías, hubiese ido para allá. Cómo tú hacías... pasabas por mi casa...
He querido jugar conmigo misma y contigo, pero tú no me das juego. Te diré quien soy aunque vuelva a perderte de nuevo. Ya sé que no te tengo, pero ahí estás... te agarro en mis sueños.
Buenas noches, mi amor escondido, oculto...