Esta tarde nos hemos cruzado. Te has parado. Te has sentido tan incómodo como yo. Estoy segura. Cuando te vi de lejos pensé "tierra, trágame". No quería verte. No puedo verte. No quiero verte.
Me siento avergonzada por todo lo que ha pasado, por insistir. Este mediodia te mandé un mensaje "YO HAGO LO MÍO Y TÚ LO TUYO.NO ESTOY EN ESTE MUNDO PARA COLMAR TUS EXPECTATIVAS NI TÚ LAS MÍAS.Y SI POR CASUALIDAD NOS ENCONTRAMOS, SERÁ HERMOSO..." ¡Y qué casualidad!
Me da verguenza porque sé que lo sabes. Sabes que soy yo. Y me da verguenza porque tú, una vez más, no quieres nada conmigo.
Quiero encontrarme contigo sin que me de un vuelco el corazón. Quiero verte y sentir sólo la alegría de ver a un amigo. Un amigo con el que siempre me he entendido a la perfección.
Ahora no te voy a poder mirar a los ojos. Y sin embargo me gustaría perderme en ellos. Perderme en ti... ¿de verdad lo quiero?
Es curioso, cuando no estás... ¿acaso dudo?. ¡Ay!, os tendría a los dos, si pudiera... pero si tengo que elegir, no tengo dudas.